31 de agosto de 2014

Canción de cuna para Mariquita Pérez



 Con esa realidad de la apariencia
 pareces casi a punto
de ponerte a escribir una autobiografía.
Y es que una muñeca
no siempre es la parodia 
de las formas humanas.
Acaso,
tanto tú como yo,
no seamos más que sombras
de la sustancia verdadera,
un espejismo mutuo,
una pregunta
prolongada en el tiempo y los espacios
de las cosas.
Quizá seamos los dos
no más que un pensamiento clandestino,
porque la realidad siempre esconde sus sueños,
se avergüenza de ellos como de ovejas negras
 y los guarda en secreto.
Nos miente en algo
todo lo que parece.
Entonces, 
¿quiénes somos tú y yo?
Dos hechiceros de una magia que nos esclaviza:
tú conjuras silencios,
yo conjuro palabras
intentando con ellas esquivar el infierno,
que no está, como dicen, debajo de nosotros,
sino que nos habita. Un estado mental en el que las estrellas
se nos antojan pulgas que nos pican el alma.
El infierno es un hombre que dialoga
con su desdicha cada día.
Es saber
que nacer es una enfermedad
incurable.
Que cada uno de nosotros
no es más que una tormenta
 ruidosa y pasajera.
Y al final olvidada definitivamente.
Pero tú estas encima
de tales nimiedades,
 y yo quiero contigo 
dejar unos momentos la conciencia.
Quiero
diluirme a tu lado
en un espacio cálido y convexo.
Y serle infiel a todo pensamiento.
Y que cuando amanezca
todo haya sido un sueño.


 Beatriz Villacañas
Allegra Byron