29 de octubre de 2014

Cómo me vas a explicar


¿Cómo me vas a explicar,
di, la dicha de estar tarde,
si no sabemos porqué
fue, ni cómo, ni de que ha sido,
si es pura dicha de nada?

En nuestros ojos visiones,
visiones y no miradas,
no percibían tamaños,
datos, colores, distancias.
De tan desprendidamente
como estaba yo y me estabas
mirando, más que mirando,
mis miradas te soñaban,
y me soñaban las tuyas.

Palabras sueltas, palabras, 
deleite en incoherencias,
no eran ya signo de cosas, 
eran voces puras, voces
de su servir olvidadas.

!Cómo vagaron sin rumbo, 
y sin torpeza las caricias!
Largos goces iniciados,
caricias no terminadas,
como si aun no se supiera
 en qué lugar de los cuerpos
el acariciar se acaba,
y anduviéramos buscándolo,
en lento encanto, sin ansia.
Las manos, no era tocar
lo que hacían en nosotros,
era descubrir, los tactos
nuestros cuerpos inventaban,
allí en plena luz, tan claros
como en la plena tiniebla,
en donde sólo ellos pueden 
ver los cuerpos,
con las ardorosas palmas.

Y de estas nadas se ha ido 
fabricando, indestructible,
nuestra dicha, nuestro amor,
nuestra tarde.
Por eso no fue nada,
sé que esta noche reclinas
lo mismo que una mejilla
sobre este blancor de plumas
- almohada que ha sido alas - 
tu ser, tu memoria, todo,
y que todo te descansa, 
sobre una tarde de dos,
que no es nada, nada, nada.


Pedro Salinas





Pintura de Guillaume Seignac