25 de abril de 2015

Oda a un vestido de novia


Despojado del cuerpo,
pendes en una percha firme,
más firme que los hombros
de la mujer que revestida de ti
aireaba al viento impetuoso
el frágil velo de la felicidad.

El tiempo te convierte en reliquia olvidada
en un rincón en donde se detuvo el tiempo,
en un anacrónico retal triste
como una canción en mitad de la noche
que evoca vidas que naufragan en el fondo
de un vaso apurado de un trago.

Ni blanco, ni radiante,
mas un día tuviste tu momento de gloria.
Hoy solo eres una prenda inútil,
ni tan siquiera un extraño espantapájaros
de tul y de raso suspendido sobre dos palos
como un crucificado.

¿Qué fue del cuerpo que engalanaste?
¿Acaso él también se ha despojado de su armazón
y ha quedado desarmado?
¿Acaso cuelga de otra percha que lo mantenga en pie?
¿O es, él sí, un espantapájaros
que pende solitario sobre la rama de un árbol?


Carmen López