1 de abril de 2015

Isabel Guerra, la pintora de la luz, de la mirada, de la paz, de la búsqueda interior


Sor Isabel Guerra Peñamaría nació en Madrid en 1947, pinta desde los once años y su formación ha sido autodidacta. Con 23 años se hace monja cisterciense en el Monasterio de Santa Lucía de Zaragoza. A partir de 1960 ha realizado más de 20 exposiciones, Miembro de dos Reales Academias de Bellas Artes, ha recibido numerosos premios y condecoraciones.

Los cuadros de sor Isabel Guerra se caracterizan por un sereno claroscuro, una luminosidad atrapada en los pliegues de un vestido, en los cristales de una ventana, en las hojas de una planta o en cualquier objeto de la vida cotidiana.

Su estilo está pegado a la realidad pero, al mismo tiempo, desvelando la belleza que hay en ella, descubre una mirada que no está encerrada en sí misma.

"La finalidad de mi obra es, ofrecer un mensaje nuevo al hombre de hoy, tan torturado por tantas cosas, angustiado con tantas prisas, deseando lo que no tiene y despreciando lo que ya posee. La luz que hay en mis cuadros es una posibilidad de expresión para el hombre de hoy, que vive en medio de tanta oscuridad". Isabel Guerra.


Quince años después de su primera exposición en Zaragoza, regresa con 121 piezas, realizadas entre el año 2013 y el momento actual, con pinturas al óleo, dibujos, fotografías y serigrafías.

La exposición puede verse hasta el 24 de Mayo en el Patio de la Infanta, Zaguán de la casa Zaporta, aquí os dejo el enlace que os llevará a conocer un poco más de la historia de este Palacio.


















































Y por último os dejo con el cuadro Y el almendro floreció. Muerte de Santa Teresa en brazos de Ana de San Bartolomé

Esta obra, que data de 2008, recoge con extraordinario realismo el momento de la muerte de Santa Teresa en brazos de quien fuera su más cercana compañera, Ana de San Bartolomé, fundadora de varios monasterios en Francia y Flandes. Al mismo tiempo –según se recoge en las biografías de la Santa- un almendro seco que había en la huerta del convento de Alba de Tormes, y que llevaba muchos años sin dar fruto, florece de forma milagrosa. Se trata de un óleo sobre lienzo, de 144 x 220 cm, que viene además acompañado por dos infografías del almendro realizadas por la artista que abrazan el cuadro a modo de tríptico.